El Director de Cooperación Internacional de la Intendencia de Colonia, Lic. Alfredo Martínez, mantuvo contacto con la Fundación Centro Arte para La Paz, de la ciudad de Suchitoto, El Salvador, con el objetivo de impulsar experiencias similares en el departamento. De la instancia participaron el Subjefe de Distrito Alex Quiroz, el artista radicado en Canadá Jorge Figueroa, la fundadora y presidenta de la fundación, Margaret Ann O`Neill (Hermana Peggy), la embajadora de Uruguay en El Salvador, Alejandra Costa, y el exembajador de El Salvador en Uruguay, Max Figueroa.
La iniciativa se enmarca en el mandato del intendente Rodríguez de descentralizar la Cooperación Internacional y extenderla a todo el territorio departamental. Según se informó, el emprendimiento, basado en el desarrollo artístico para niños, adolescentes y jóvenes, se destaca internacionalmente y será acercado a los municipios para que las instituciones interesadas puedan generar cooperación y desarrollar experiencias similares.
El Centro Arte para la Paz nació oficialmente en 2004, cuando la Hermana Peggy, la Hermana Patricia y los artistas Salvador Acosta y Minako Close impulsaron la restauración de un antiguo colegio para transformarlo en un espacio de arte, convivencia y aprendizaje. La iniciativa se presentó como un símbolo de unión, creatividad y oportunidad para todas las edades tras la firma de los Acuerdos de Paz de 1992.
Desde entonces, miles de niñas, niños, jóvenes y adultos han participado en sus salones con música, pintura, talleres y actividades que fortalecen la convivencia y mantienen viva la cultura local. En la actualidad, más de 80 personas —socias, artistas, docentes y voluntarias— sostienen el funcionamiento del centro.
En 2008, el Centro Arte obtuvo su personería jurídica como Asociación de Desarrollo Local sin fines de lucro, lo que le permitió crecer, ser sostenible y seguir abriendo puertas a quienes sueñan con un futuro mejor a través del arte, la educación, la cultura de paz y la solidaridad. Su historia es presentada como la de una comunidad que, unida, decidió transformar el abandono en un lugar de esperanza y aprendizaje para todos.
El impacto de la fundación se refleja, según su descripción, en las niñas que se atreven a alzar la voz en un taller de canto, en los jóvenes que filman la historia de su comunidad y en las personas mayores que se reencuentran con sus recuerdos en el museo. El centro se define como una comunidad de personas comprometidas con el arte, la memoria y la transformación social, con una Junta Directiva y un equipo operativo diverso y apasionado que hace posible su trabajo diario.